música de cine

Categorized Under: clásica 1 comentario

Anoche se estrenó con la Orquesta Sinfónica “Ciutat de Palma” la obra “Lalibela”, del compositor catalán radicado en Mallorca,  Xavier Carbonell. Una obra para cuatro saxofones bajo y orquesta sinfónica. Y aquí encuentro la primera debilidad. Cuando uno dice orquesta, orquesta sinfónica, piensa inmediatamente en esa masa de instrumentos de cuerda respaldada por los vientos, con una sección percusiva por una lado y un director en frente. Y efectivamente estaban todos; pero 50 profesionales haciendo trémolos intermitentes durante 17 minutos no se puede considerar una obra “con orquesta”, el trabajo para la cuerda fue inexistente, un efectivo sonoro totalmente desaprovechado. Luego está la pobreza de tempi, aquí no sé si era lo que estaba escrito o lo que hizo el director que parecía limitarse a marcar entradas y llevar el compás, un metrónomo que empezó y terminó igual. Buscar que la tensión no fuera sólo tímbrica o armónica, movimiento, más movimiento. Y tan larga. 10 minutos bastaban para mostrar lo que se quería mostrar, el discurso se volvió repetitivo sin lograr el minimalismo new age que permite loops infinitos.

Otra cosa es la creación realizada con los saxofones. Me encantó, qué instrumentos tan testosterónicos. Para mi no había nada de iglesias etíopes ni cinceles ni roca ni oración, allí se produjo un enfrentamiento entre grandes animales, bufando, gruñendo, retándose, acercándose y alejándose, rindiéndose. El sonido de una selva de otro planeta, con gemidos, tambores, monstruos desconocidos. La música que, por ejemplo, se merecía Avatar, y no la empalagosa reedición mutante de la partitura de Titanic.

1 comentario a “música de cine”

  1. Los diferentes elementos musicales (harmonía, ritmo, melodía) han ido evolucionando a lo largo de los siglos. En el siglo XX el elemento predominante es el timbre. En la música de Carbonell nos encontramos ante una exhuberancia tímbrica combinada con una ausencia de otros elementos a los que estamos acostumbrados: melodías, harmonías funcionales, ritmos bailables o percutibles, estructuras formales con un climax o una reexposición. Ante estas características es normal una sensación de decepción por parte del oyente.
    Sin embargo, yo disfruto de esta música al enfrentarme con una actitud diferente: no espero nada de lo que no hay, me relajo y me dejo llevar por los sonidos como si entrase en un bosque y fuese caminando perdido en un laberinto de timbres, de sonoridades todas ellas diferentes, que abarcan un espectro muy amplio. Llega un momento que me olvido del tiempo y el espacio, como si estuviera en meditación, hasta que se acaba la obra.
    Si quiere intentar esta experiencia de nuevo con una òptica diferente, puede hacerlo el 21 de Mayo en la Fundació Pilar i Joan Miró, donde se interpretará un programa íntegramente de música del siglo XX con obras de Toru Takemitsu, Yannis Ioannidis y Xavier Carbonell.

Deja un comentario